Postureo maratoniano en el primer paso por el Portal de Francia
Los que pasáis por aquí de vez en cuando sabéis que después de la experiencia de Sevilla le tenía ganas a la maratón, no era revancha, solo una espina clavada. No llegaba en las mejores condiciones, pero no podía perder la oportunidad de quedar en paz conmigo mismo en casa. Una apuesta "doble o nada", si las cosas no volvían a salir bien me retiraba de la distancia, ahora lo puedo decir. Esto de las maratones no es para siempre y el cuerpo empieza a quejarse y a mandar avisos en forma de lesiones. El entrenamiento trajo dolor y el dolor limitó el entrenamiento, muchas ganas y pocos kilómetros.
Pimeros kilómetros, eramos jóvenes y felices.
Despedida de la media maratón
El paso por el centro de Pamplona incluida la despedida de la medida maratón fue otro de esos momentos que recordaré siempre. Dicen que en una maratón tienes que pasar la media con las fuerzas intactas y como sino hubieses empezado a correr, no fue el caso. Tenía las pulsaciones muy altas y el ritmo de 5:40 se me empezaba a hacer endiablado, así no iba a llegar muy lejos, tocaba activar el plan B. Esperé a que terminase el paso por el Casco Viejo y después del segundo paso por el avitullamiento Dravet me acerqué a Novatillo y le dije que me quedaba y que cuando viese a mi familia le dijese "que iba a llegar", escrito así parece una despedida de trinchera pero en las carreras siempre me preocupo más por los que me esperan que por mi. Kilómetro 25, solo y tocado, aquello no pintaba bien, no era la primera vez, ya sabía de que iba el tema. La rodilla no dolía y en ningún momento dudé que iba a llegar.
A partir de ahí, todo fue más mental que físico, descontar kilómetros, pensamiento positivo, hidratar y no dejar de correr. Recuerdo el paso por la carretera de Miluze, la oscuridad de la noche solo rota por la luz de los focos, el ruido de los generadores, el olor a río y una fila de corredores silenciosos andando lastrados por sus sombras. Curiosamente, a pesar de la que me tenía encima, en ese momento me recuerdo feliz. Estaba volviendo a correr una maratón, era lo que quería y lo iba a conseguir.
Pasaron los kilómetros con más pena que gloria, parecía más una tirada larga de domingo que una carrera, solo y en un camino mil veces recorrido. De vez en cuando pasaba a un corredor, otras veces era yo el rebasado. El panorama era muy feo, la gente iba rota. En Trinitarios alcancé a una de las liebre de 4 horas, el compañero de Novatillo y me contó que no habían podido mantener el ritmo, el del mazo la estaba gozando. Cada vez me costaba más correr pero sabía que cada zancada, o lo que fuera aquello, me acercaba un poco más a la meta. A partir de ese momento hicieron su aparición entre la oscuridad ángeles de la guarda que me fueron llevando a la meta: dos transeúntes pedo que me ofrecieron una litrona y me hicieron sonreír, Vierin que me acompañó en la Cuesta de Capuchinos y me dio sales, Vicente que corrió conmigo hasta el Puente de Alemanes para que no me parase, Javier el corredor de Castelló con el que caminé un rato, Novatillo al que alcancé e intenté animar en Aranzadi, Roberto que me animó y me echó agua en el Portal de Francia, el bueno de Aristu que después de correr su carrera se fue a animar en plena cuesta, Bea, Koldo, Iñigo, Mikel, los voluntarios, policías y todos aquellos que no recuerdo y que con sus aplausos y palabras me hicieron menos duros esos kilómetros.
Las incondicionales #muestasquecorren
Antes de alcanzar la meta tuve que sufrir unos calambres en los cuadriceps en la calle Dormitalería que casi me tiran al suelo, pero ya nada me iba a parar, lo iba a volver a hacer. Las muetas que corren me dieron el ultimo empujón casi en la recta de meta y me metieron para dentro de la plaza donde me abracé con los restos del pelotón chiflado y pude reunirme con mi familia. Me fui casi a 4 horas 15 minutos, no fue como lo habíamos soñado, pero volvió a ocurrir, se llama maratón. P.D. San Fermín Marathon no solo fue la oportunidad de volver a sentirme maratoniano, tuve la oportunidad de convivir con un puñado de gente maravillosa y eso vale más que muchas carreras.
P.D. 2 Y sí, lo volví hacer, al día siguiente corrí la Carrera del Encierro.

























