Mirando al tendido y con la boca cerrada
La Maratón de Valencia es una gran maratón y conmigo se portó bien desde el principio, desde el momento en el que me tocó el dorsal en A tu ritmo, pero no se portó bien con todo el mundo, dejó a algunos corredores sin su talla de camiseta y a otros sin su merecida medalla. Creo que tampoco se portó bien con Carles Castillejo, pero ese tema se me escapa un poco. En las maratones los corredores corremos y competimos contra nosotros mismos y a veces entre nosotros, pero las maratones no tienen que competir entre ellas, me parece absurdo la obsesión por ser la más rápida o la más grande. Cada maratón tiene que tener su "personalidad", algo que la haga única. Sé que han tomado nota y seguro que mejorarán algunas cosas.
Solo me queda dar las gracias a todas y a todos por la fuerza y el cariño recibido, me sentí muy querido, creo que ha sido la maratón más compartida. Gracias a los seguidores, a #lasmuetasquecorren y a Fernando, a mis amigos, a la gente de la Fundación Dravet, a mi familia, a Miguel que se desplazó desde Puerto Sagunto solo para tomar un café conmigo y gracias sobre todo a María porque, como dije el otro día en otro lugar, sin ella no sería posible.
Todo esto esta muy bien pero ir a correr la Maratón de Valencia solo ha sido una excusa para hacer un master en arroces mi verdadera gran afición. El arroz al horno de mi amigo Antonio fue sublime, eso es así.
Aunque la fe del converso es la más furibunda, nunca debería éste pecar de orgullo ni de creerse más ni mejor que aquellos que abrazan el credo desde antiguo, pero van pasando los años de corredor y van pasando las maratones, no sin esfuerzo, y aunque al converso todavía le cuesta reconocerse en el que ahora es, tiene la tentación de pecar de vanidad y de atreverse a pensar que empieza a entender la carrera de los 42.195 metros.
A veces los deseos se cumplen y las cosas salen como uno las sueña y desea. En los momentos feos de estos meses, cuando me refugiaba en mi sueño y me proyectaba para mí la peli de mi futura Maratón de Valencia, no me la podía imaginar más bonita o más feliz. A los que leen estas líneas y no corren les costará entender que una persona puede ser feliz corriendo tantos kilómetros y preparándose para un largo momento en el que te pongas como te pongas siempre hay dolor, cansancio y cierto sufrimiento.
No me refiero solo a la carrera sino a todo lo que la acompaña y la enriquece: la visita a la ciudad, el contacto con los amigos, disfrutar con la familia, el calor de los compañeros y todas esas cosas tangibles o intangibles que hacen que miles de corredoras y corredores nos desplacemos con nuestras troupes de maratón en maratón. Para mí y para mí familia ha sido un gran fin de semana.
Sé que con eso no os vale, queréis sangre, sudor y lágrimas, pero siento defraudaros porque esta vez hubo poca épica. Si lo cuento así sé que vais a pensar que fui de paseo y que me los toqué a dos manos, pero no es así. Voy a "chuliquearme", corrí muy bien, me salió perfecta, creo que solo me desvié un minuto de lo que había programado, Novatillo puede dar fe. Sufrí, siempre se sufre, sobre todo si intentas hacerlo más rápido y mejor, pero uno empieza a saber cuándo y cómo llega lo chungo. He leído la crónica del Abuelo Runner y no puedo estar más de acuerdo, hay que hacer esto de la forma más sostenible posible, con cabeza, por nosotros y por los que nos quieren.
Prólogo
La mañana salió fría pero soleada, los "Mordoricas" a pesar de meter el miedo en el cuerpo los días anteriores a todos los participantes no conseguimos imponer nuestro clima en Valencia. Después de recoger a Novatillo en su hotel fuimos a un encuentro con los blogeros organizado por mí y al que llegué tarde de forma imperdonable. Me hizo mucha ilusión volver a ver a Jan después de tanto tiempo y conocer en persona al Abuelo Runner, su hijo Omar, Manuel Cuentakilómetros, Isaac, Bea, Ruth, Luis Blanco, Javi y que me perdonen los que me dejo (eso me pasa por citar)
La mañana salió fría pero soleada, los "Mordoricas" a pesar de meter el miedo en el cuerpo los días anteriores a todos los participantes no conseguimos imponer nuestro clima en Valencia. Después de recoger a Novatillo en su hotel fuimos a un encuentro con los blogeros organizado por mí y al que llegué tarde de forma imperdonable. Me hizo mucha ilusión volver a ver a Jan después de tanto tiempo y conocer en persona al Abuelo Runner, su hijo Omar, Manuel Cuentakilómetros, Isaac, Bea, Ruth, Luis Blanco, Javi y que me perdonen los que me dejo (eso me pasa por citar)
Me fui con Novatillo al último cajón, en mi dorsal no figuraba el color programado ni el nombre. Lo del nombre lo solucionamos con unos rotuladores, lo del cajón no me pareció importante.
Momento social
Primer tercio.
Objetivo: Que la cosa no se vaya de madre, media 5:10.
Salimos muy atrás, sin prisa pero sin pausa, empezando despacio para entrar en calor y evitar choques, golpes, torceduras y pisotones. Fuimos adelantando gente suavemente, evitando zigzaguear y sin dar tirones. En la medida que íbamos consiguiendo huecos el ritmo mejoraba poco a poco. Adelantamos y saludamos a Novatilla y a Isaac. En la rotonda de Alboraya recibí los ánimos de mi amigo Antonio y le dije que fuera echando el arroz porque comía en su casa. Poco antes del 14 el paso medio era de 5.10. No nos habíamos cansado, la vida era maravillosa y las maratones lo que más.
Resultado: Conseguido.
Segundo tercio.
Objetivo: Apretarse y ponerse a "5 pelao".
La vida y las maratones seguían siendo maravillosas, Valencia y sus gentes nos quería y nosotros queríamos a Valencia. En muchos momentos con la piel de gallina, era momento de disfrutar. En ese momento yo no me cambio por nadie, estaba donde y con quien quería estar. Rodábamos rápido y comenzaba a haber huecos, seguíamos adelantando gente. Creo recordar que pasábamos la media en 1:48, le dije a Novatillo que si igualamos las dos medias firmaba. Intenté acojonarle con una segunda mitad llena de dolor y sufrimiento, pero no se dejó. Fue chocando manos más feliz que un niño la mañana de reyes. En el 23 me esperaba mi familia, un "momentazo" de calor y emoción y sé que de alivio para ellas al ver que iba bien. Llegábamos al 28 con el objetivo y el compromiso cumplido, habíamos hecho dos tercios y ahora cada uno tiraría lo que pudiese, sin prisioneros.
Tercer tercio.
Objetivo: Correr lo que pueda, a ser posible que la media no se vaya de 5:10.
El recorrido tiraba un poco hacia arriba y se alejaba del centro de Valencia, a este tramo le tenía bastante respeto. Corrí bien pero el ritmo medio iba bajando, intenté mantenerlo a 5 minutos el kilómetro pero no pude. Poco a poco se estabilizó en 5:10. Mantuve contacto visual con Novatillo, pero se fue alejando. Sabía que ahora comenzaba la carrera, descarté cualquier pensamiento negativo y me concentré para no irme mentalmente de la carrera. No había tenido buenas sensaciones en los rodajes largos y temía quedarme vacío en el último tramo. En el 33 recibí los ánimos de Espíritu González que corrió unos metros junto a mí y me animó. Desde aquí empecé a restar kilómetros: "quedan 10, quedan 9, quedan 8 ..." Fui pasando gente y recogiendo "cadáveres", vi menos estragos que otras veces, o ese me pareció. Entre el 37 y el 38, nada más pasar el coche de bomberos que hace de ducha, a un corredor de mi izquierda le dio un calambre que casi lo tira al suelo. Dimos una curva muy cerrada y oí que me llamaban por mi nombre, era un chico que conocí a la mañana en la quedada, creo que era Javi Linares, le estoy muy agradecido, es muy grande que alguien te llame por tu nombre en esos momento. Estábamos en la Gran Vía de Ramón y Cajal y tiraba hacia arriba, me deshice de la botella que había llevado toda la carrera en la mano, me sobraba todo, decidí no beber más y pasar también del avituallamiento del kilómetro 40. Durante toda la carrera la animación es impresionante, la oficial (batukadas, grupos de rock, zancos..) y la del público de Valencia, desde este punto el calor y el ruido no se pueden describir. No había mirado el tiempo de la carrera en ningún momento, solo el ritmo medio de los tres parciales programados, sabía que si mantenía el ritmo bajaría de 3h 40'. El del mazo no se había asomado o se había cebado con otros. Tenía ganas de terminar y los últimos kilómetros se hacen como siempre largos. Al entrar en la Ciudad de las Artes y las Ciencias me sentí como un gladiador en el Circo Romano, estaba lleno de público, mucho más de lo que pensaba. Por fin pisé la soñada pasarela azul, miré a la derecha intentando localizar a mi familia, pero fue imposible, no las vi pero ellas me vieron cruzar la meta de mi cuarta maratón corriendo sobre las aguas.
Resultado: Conseguí mantener el ritmo medio en por debajo de 5:10
Fueron 3 horas y 37 minutos, mi mejor marca, pero sobre todo mi mejor maratón.Creo que hice lo que tenía que hacer y que era la carrera que llevaba dentro, ni más ni menos.
El recorrido tiraba un poco hacia arriba y se alejaba del centro de Valencia, a este tramo le tenía bastante respeto. Corrí bien pero el ritmo medio iba bajando, intenté mantenerlo a 5 minutos el kilómetro pero no pude. Poco a poco se estabilizó en 5:10. Mantuve contacto visual con Novatillo, pero se fue alejando. Sabía que ahora comenzaba la carrera, descarté cualquier pensamiento negativo y me concentré para no irme mentalmente de la carrera. No había tenido buenas sensaciones en los rodajes largos y temía quedarme vacío en el último tramo. En el 33 recibí los ánimos de Espíritu González que corrió unos metros junto a mí y me animó. Desde aquí empecé a restar kilómetros: "quedan 10, quedan 9, quedan 8 ..." Fui pasando gente y recogiendo "cadáveres", vi menos estragos que otras veces, o ese me pareció. Entre el 37 y el 38, nada más pasar el coche de bomberos que hace de ducha, a un corredor de mi izquierda le dio un calambre que casi lo tira al suelo. Dimos una curva muy cerrada y oí que me llamaban por mi nombre, era un chico que conocí a la mañana en la quedada, creo que era Javi Linares, le estoy muy agradecido, es muy grande que alguien te llame por tu nombre en esos momento. Estábamos en la Gran Vía de Ramón y Cajal y tiraba hacia arriba, me deshice de la botella que había llevado toda la carrera en la mano, me sobraba todo, decidí no beber más y pasar también del avituallamiento del kilómetro 40. Durante toda la carrera la animación es impresionante, la oficial (batukadas, grupos de rock, zancos..) y la del público de Valencia, desde este punto el calor y el ruido no se pueden describir. No había mirado el tiempo de la carrera en ningún momento, solo el ritmo medio de los tres parciales programados, sabía que si mantenía el ritmo bajaría de 3h 40'. El del mazo no se había asomado o se había cebado con otros. Tenía ganas de terminar y los últimos kilómetros se hacen como siempre largos. Al entrar en la Ciudad de las Artes y las Ciencias me sentí como un gladiador en el Circo Romano, estaba lleno de público, mucho más de lo que pensaba. Por fin pisé la soñada pasarela azul, miré a la derecha intentando localizar a mi familia, pero fue imposible, no las vi pero ellas me vieron cruzar la meta de mi cuarta maratón corriendo sobre las aguas.
Resultado: Conseguí mantener el ritmo medio en por debajo de 5:10
Fueron 3 horas y 37 minutos, mi mejor marca, pero sobre todo mi mejor maratón.Creo que hice lo que tenía que hacer y que era la carrera que llevaba dentro, ni más ni menos.
Derechitos a la gloria
La Maratón de Valencia es una gran maratón y conmigo se portó bien desde el principio, desde el momento en el que me tocó el dorsal en A tu ritmo, pero no se portó bien con todo el mundo, dejó a algunos corredores sin su talla de camiseta y a otros sin su merecida medalla. Creo que tampoco se portó bien con Carles Castillejo, pero ese tema se me escapa un poco. En las maratones los corredores corremos y competimos contra nosotros mismos y a veces entre nosotros, pero las maratones no tienen que competir entre ellas, me parece absurdo la obsesión por ser la más rápida o la más grande. Cada maratón tiene que tener su "personalidad", algo que la haga única. Sé que han tomado nota y seguro que mejorarán algunas cosas.
Solo me queda dar las gracias a todas y a todos por la fuerza y el cariño recibido, me sentí muy querido, creo que ha sido la maratón más compartida. Gracias a los seguidores, a #lasmuetasquecorren y a Fernando, a mis amigos, a la gente de la Fundación Dravet, a mi familia, a Miguel que se desplazó desde Puerto Sagunto solo para tomar un café conmigo y gracias sobre todo a María porque, como dije el otro día en otro lugar, sin ella no sería posible.
Todo esto esta muy bien pero ir a correr la Maratón de Valencia solo ha sido una excusa para hacer un master en arroces mi verdadera gran afición. El arroz al horno de mi amigo Antonio fue sublime, eso es así.














